Dejamos que muy poca gente nos conozca de verdad, y cuando de verdad les dejamos que nos conozcan les depositamos una confianza diferente, especial... Ponemos nuestro corazón en sus manos, y eso es precioso y gratificante pero solamente si somos correspondidos. Qué difícil llegar a ese punto de confianza y qué fácil es perderla, qué poco la valoramos y qué rápido la tiramos a la basura.
Representamos un personaje diferente al nuestro porque así no sufriremos, así no dejaremos que nos hagan daño... Pero quizás a veces el sufrimiento vale la pena porque para llegar a confiar en alguien tienes que vivir cosas muy especiales con esa persona. El sufrimiento nos hace más fuertes, el sufrimiento nos ayuda a ponernos en la piel de los demás.
Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana y quizás esa ventana tenga unas vistas preciosas. No caigamos en el error de echarnos las culpas de algo que no tenemos y no dejemos de depositar nuestro corazón en las manos de los demás, quizás sean quienes abran todas esas ventanas y al final construyan un solar.
Muchos besos y abrazos.
Patri.
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