lunes, 14 de abril de 2014

No hay nadie que confie en ti tanto como tú

#22. Es increíble cómo puede llegar a doler una mentira. Es una pequeña decisión que se toma en un momento concreto, pero que puede alterar el transcurso de muchas cosas. No me refiero a las mentrijillas, ni a las mentiras piadosas, sino a las que hacen daño de verdad. A esas que se incrustan ahí y dejan marca.

Tras un problema de este tipo tenemos dos opciones, perdonar y continuar, o dar la espalda y nunca volver a mirar atrás. Ambas duelen un instante a una u otra parte, pero siempre alguien sale ganando. ¿Pero qué pasa cuando alguien se miente a uno mismo? Es una de las cosas más duras que existen. Mentirte es dudar de ti, no confiar, tratarte como un extraño...

No debemos mentir a nadie por agradar a alguien. Ni siquiera para producirnos felicidad a nosotros mismos, porque alguien pierde siempre, y muchas veces eres tú aunque no lo quieras. Mentirte a ti mismo es dudar de todas tus decisiones, e incluso hacer dudar a los demás sobre ellas. Porque siempre que nos tropezamos, a la siguiente iremos con miedo mirando al suelo para que no vuelva a ocurrir. ¿Y qué sucede si sólo centras tu mirada en no volver a recaer? Que te olvidas del resto que tienes alrededor, y hay más peligros alrededor que dentro de ti. Si me tropiezo, ya me enderezaré.

Todo esto, traspasémoslo a nuestra situación. Todas esas veces que nos permitimos saltarnos la dieta, y llega un momento en el que es una vez tras otra. Sacas la báscula y no te crees el resultado. Y le das vueltas a la cabeza a ver cómo ha podido ser. "Yo estoy comiendo bien... Solo me he pasado en situaciones contadas. Algo pasa porque no es normal. Esta dieta es una mierda. No sirvo para estar delgado...". ¡Nos estamos mintiendo! Somos lo que pensamos y hacemos, y si dejamos de confiar en nosotros mismos, decirme en quién vais a depositar una pequeña pizca de confianza... Yo os lo digo, en nadie.

Tenemos que confiar en que somos fuertes, en que podemos conseguirlo. Sin mentiras, sin falsedades, sin malos sentimientos, sin girar la cabeza hacia otro lado. De frente contra todo y contra todos. Porque si yo no lo consigo, no creo que lo haga nadie. Es ponerle ganas al asunto y esperanza. Y si algún día me fallan, o se me están agotando, sé que habrá alguien conmigo que me de un empujón. Pero siempre y cuando esa persona vea que, ante todo, yo confío en mi y lo he intentado.


                                                                                                  Mai.

No hay comentarios:

Publicar un comentario