Hoy voy a comenzar con una pequeña historia:
Hace 60 años, en tiempos de la posguerra donde pasar hambre era tan normal como respirar, vivía la pequeña Julia, que formaba parte de una familia de lo mas humilde. Con 6 hermanos más, ella era la mayor de todos ellos y la única mujer.
Podemos suponer que el plan típico de hoy de comer las cinco comidas diarias, en ese momento se trataba de un imposible y mas en su familia. Su madre le recriminaba que jamás encontraría un buen mozo que quisiera casarse con ella, pues a pesar de ser una buena muchacha y muy trabajadora, era demasiado esmirriada y parecía casi imposible que una cinturilla como la suya pudiera albergar en ella su futura descendencia. Así pues, Julia odiaba mirar su reflejo cuando iba a limpiar las ropas al río, pues su rostro estaba demasiado chupado y los pómulos se le marcaban en exceso.
En la plaza del pueblo, vivía la hija del alcalde. Ésta, era una preciosidad: alta y robusta, mejillas rellenas en las que siempre había cierto rubor. Cuanto ansió Julia ese rubor en sus mejillas, ella que siempre lucía paliducha por la falta de sustento, por no hablar del deseo de poder llenar de forma bonita sus ajados pantalones, que de forma segura se verían mejor en un cuerpo que los inundara. Julia estaba realmente acomplejada por su delgadez.
Si Julia estuviera hoy aquí, ahora... se sorprendería de cuan estúpidos podemos llegar a ser. Lo que es sano, jamás puede resultar feo. Claro está que la obesidad ni es bonita ni por supuesto sana, pero como tampoco lo es un cuerpo anoréxico, o un cuerpo mal nutrido. Sin llegar a esos extremos, deberíamos dejar de llevarnos las manos a la cabeza ante algunos kilillos de mas, que hoy en día y con la crisis económica que hay... ¡Nunca se sabe cuánto podríamos llegar a echarlos de menos! Tengo la necesidad de escribir sobre este tema, porque yo he sido la primera estúpida a la que le ha costado entender esta tontería, y me gustaría que nadie mas cometiera los errores que yo misma he cometido y que tanto me han hecho sufrir a mi y a los míos.
Querer mejorar, es bueno. Obsesionarse, jamás lo es.
Y dicho esto, mi primer día vegetariano ha sido un éxito. Estoy absolutamente contenta por mi decisión, meditada con mi médico de cabecera y muy reflexionada por mi parte. Hoy he probado el tofu ¡y me ha gustado! Animo a todo el mundo a probarlo, posee las cualidades de la carne pero sin ser graso, lo que lo hace ideal para la dieta y a demás muy sano. (Por no mencionar que ningún animal sufre en su proceso de elaboración).
Comienzo con muchas ganas y ánimo.
¡Muchos besos y abrazos!
Patri.


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