domingo, 6 de abril de 2014

Adios primera fase


#14. A falta de un día para cambiar a la segunda fase de mi dieta, hago valoración de la primera. Antes de empezar tenía la sensación de que sería duro y de que perdería mucho peso, pero me equivocaba. La verdad es que ha habido más cambios en mi cuerpo durante la primera semana que en la segunda. Aunque puede que eso solo sea a simple vista y mañana las mediciones indiquen lo contrario. Y además, ha sido mucho más llevadero de lo que imaginaba. Los únicos momentos difíciles y duros han sido cenas en las que he tenido que llevarme mi comida o ir a restaurantes concretos donde tengan en la carta aquello que me toca comer, además de rechazar cenas en sitios de comida basura con cubatas como postre.

 Para empezar, esto es lo que tengo que soportar todos los días en mi casa. He crecido pensando en que tener cosas para cuando te apetece picoteo es algo normal, que todas las casas tienen, pero no es así. Mi madre no compra nocilla ni chocolate porque así no comemos... Mamá, ¿te has fijado la de calorías que hay en una balda de una habitación de un metro cuadrado? Me he prohibido a mí misma entrar salvo en caso de no ser totalmente necesario, así no veo qué es lo que compran y qué no. Os dejo una foto de un día cualquiera:



Y para colmo, este fin de semana he tenido dos cenas. El viernes un cumpleaños familiar (con todo lo que eso conlleva). Había patatas para picar, chistorra a la brasa, variedad de patés con panecillos, patatas guisadas y una gran tarta. Y ahí estaba yo, lo más lejos posible de esa comida, intentando no levantar la vista de mi bol de ensalada y mi tortilla francesa de dos huevos. Me sentí muy fuerte hasta el postre. Tuve muchas ganas de probarlo, pero no, no quise. Si las dos primeras semanas he conseguido no pasarme ni un pelo de la dieta, yo creo que puedo conseguir lo que me proponga. Os voy a dejar aquí una foto de la tarta para que veáis la pinta que tenía:


Y ayer sábado, era día de quedar con mis amigas. Y como cada una tiene su vida, pues solemos reunirnos para cenar. Bien, pues tras buscar un sitio donde yo pudiera comer una ensalada de pollo, encontramos uno. Pedí eso, y aunque 8€ por una ensalada es mucho dinero. Mientras ellas comían bocadillo de pollo con pimiento verde y alioli, me trajeron mi ensalada. Y para mi asombro, estaba acompañada de una salsa rosácea. No podía comerla (no solo por la dieta sino por temas alérgicos) y pedí que me sacaran una para aliñar con aceite y vinagre ya que en la carta no añadía que llevara ningún tipo de aliño de salsa:


Esos obstáculos que al principio nos cuesta tantísimo esquivar, van cada vez haciéndose más pequeños. Porque yo, días antes de empezar la dieta ni me imaginaba que iba a ser capaz de decir que no a muchas cosas que ahora, aunque con esfuerzo, lo hago rotundamente. Ni me planteo saltarme la dieta una vez porque no pasa nada; hay que ser fuerte de principio a fin. Hay que soñar con lo que queremos, porque los sueños son para convertirlos en realidad, no existen para otra cosa. Porque si hay gente con más problemas que yo lo consigue, ¿por qué yo no? Dicen que a la tercera va la vencida, y  esta es mi tercera y última dieta. Porque tengo una meta de 15 kilos que voy a cumplir cueste lo que cueste.

                                                                      Mai.

No hay comentarios:

Publicar un comentario