lunes, 17 de noviembre de 2014

Cambio grisáceo

#239. Miro hacia atrás y veo una chica totalmente diferente a la que soy ahora. Y no hablo sólo del aspecto físico, sino también de la persona.

En 2011 yo era una chica de 18 años gorda y sin complejo ninguno; y es que, no voy a negar que entonces me hubiera gustado ser más delgada, pero me aceptaba a mí misma tal y como estaba. Fue entonces cuando decidí ponerme a dieta para bajar unos kilitos por el tema de mi lesión en la rodilla, cosa que hizo un cambio de chip en mi mente, y que todavía no he podido restablecer.

Conforme ha ido pasando el tiempo han ido aumentando mis niveles de autoinsatisfacción y exigencia, aunque sin entrar en el error de querer ser un "cuerpo 10". No es que ahora sea la chica con complejos que antes no era, pero soy incapaz de pensar tal y como hace 3 años lo hacía. Puede ser la sociedad, la madurez, el estilo de vida... Nunca llegaremos a saber qué es aquello que nos influye a cada uno para ser de una forma u otra, lo único que podemos hacer es agarrarnos bien a nuestros ideales y principios y no soltarlos nunca.

Si tuviera que definir "mi antes" lo haría como persona feliz, con personalidad arrolladora, empática y con mentalidad de disfrutar del presente. Y "mi ahora" podría resumirse en controladora, exigente, que da muchísima importancia al futuro, carismática o dicharachera y responsable.

Es un gran giro, producido en parte por la madurez de estos años, pero a veces siento que mi evolución mental ha sido demasiado grande en tan poco tiempo. No hablo de un cambio bueno o malo, ni correcto o incorrecto en ningún momento... Porque los extremos nunca existen. Siempre he creído que yo era de blanco o negro, y que nunca podría optar por un gris, pero si tantas y tantas veces he llegado a plantearme qué es algo perfecto/imperfecto, bueno/malo, objetivo/subjetivo... ¡Yo no puedo apartar los grises de mi vida! No puedo excluir todo aquello que no sea "así o asá"; tengo que aprender a aceptar aquello que no es concreto, "perfecto", definido... y dejar de fijarme en los extremos del abanico. Porque sino voy a perder muchas cosas en mi vida, y entre ellas a mí.

Perdida es una palabra que ahora podría definirme un poco, pero estoy luchando por encontrar de nuevo el camino. Me cuido, hago muchísimo deporte... ¡hay quien todavía me sigue llamando obsesa! Pero no me importa, porque yo, al igual que el 99% de las personas estoy tratando de encontrar quién soy. Y lo intento, que es lo que cuenta en todos los ámbitos.

Seguiré trabajando por la primera meta que me he puesto, que es bajar estos 10 kilos que se me están resistiendo. Porque he abandonado la musculación prácticamente (solo hago un día a la semana, y cada músculo una serie de 12 repeticiones) aunque sigo desarrollando aunque no quiera. Y los fines de semana... me estoy pasando un poco, pero bueno. En esta vida hay que vivir un poco, ¡no puede estar una lamentándose siempre!

Prometo no dejar que pase tanto tiempo entre una entrada y otra, e intentar colgar fotos de vez en cuando. Mucho ánimo al resto de personas que están reconduciendo su vida en cualquier ámbito, porque no es fácil, pero merece la pena.


                                                                                               Un beso enorme, Mai.

No hay comentarios:

Publicar un comentario